Prólogo

Me pides que le ponga prólogo a tus sueños, a tus an-helos, p a aquello que “barruntas” que será – o quie-res que sea – tu futuro.
Difícil petición, querido amigo.
Si ni siquiera a mis propios sueños soy capaz de po-ner principio o fin, gcómo atreverme a ponérselo a los tuyos?
Cada ser humano es distinto a cualquier otro, y en cada uno de ellos cada anhelo resulta de igual modo diferente, puesto que al amar se sueña con ser corres-pondido, al sufrir hambre se anhela la abundancia, p el dolor te obliga a llorar para no seguir llorando de dolor.
Tus sueños son hermosos, de pasión a veces, y a ve-ces de amargura, pero cada palabra emite al propio tiempo una suave fragancia de nostalgia, puesto que la nostalgia no es más que la sal que se deposita en el fondo de todo aquel corazón, ya muy vivido.

Alberto Vázquez-Figueroa